domingo 24 de junio de 2007

CUANDO TÚ NO ESTÁS












“Cuando tú no estás no soy nada”. Sin duda, Raphael sabe lo que es la alteridad, y a mi me encanta pensar en ese dialoguismo que sustenta la vida de este hombre, al que (mejor cuanto antes lo diga) yo adoro.

"Sin ti no soy nada" dice. Manuel Alejandro, el Compositor, es un exagerado, pero qué bien le queda todo. La presencia del otro es fundamental para el personaje de Raphael, que exacerbado y romántico afirma que no existe sin mi...

Y es verdad, pura verdad, sin mí, sin el otro, sin la otra persona, Raphael no podría existir, sería incapaz de evadir esa costumbre tan fea pero tan propia de las composiciones sentimentales, de andar comprometiendo a la gente en las canciones… definitivamente, él , o sea, este personaje doblemente ficticio, vestido de permanente luto, se queda en cero sin el otro.

Si yo, Laura, no estoy disponible para él (por los motivos que sean), su mundo se derrumba inevitablemente, la idealización que tiene de mi es indispensable para el acabado final, y por lo tanto la impostura a la que le empuja un conjunto de deseos y expectativas, le sumerge en un sufrimiento destinado a la autolamentación, a la pérdida de autoestima, y la frustración, eterna fuente de inspiración istriónica.

Cuando yo no estoy, no le queda más que su dolor, dice. Y a mi, pues me encanta. Me gusta porque eso es cierto: a mi me ha pasado en la vida real (teniendo en cuenta que la realidad es una dimensión ficticia creada por nosotros mismos), porque mientras sales con alguien puedes sentir dolor, pero por lo menos está ese alguien y parece que se comparte. El problema es que esto es mentira y tarde o temprano nos damos cuenta, que sólo son trucos de la complementariedad esta con la que vivimos en el mundo contemporáneo.

Por ello, y para no undirme en la soledad, acepto esta perspectiva de amante fugada y receptora pasiva del mensaje de pena, todo esto de muy buen grado. Como mito que es, el distanciamiento le otorga un halo muy seductor (como a todo lo inalcanzable) y como muchacha anónima que soy yo, represento todo lo abstracto, y además su musa, su combustible y la razón de su existencia (y esto sí que es verdad, pues si no estuviéramos aquí para oirle, me dirás tú).

Yo le quiero de verdad, y pudiendo elegir, me gusta sobre todo en los años sesenta. Parece imposible que estas dos personas (el antiguo Raphael y el nuevo) sean la misma. Yo a Raphael le amo en el pasado. Y me da igual, digan lo que digan, antes se lucías más y era más guapo. La sinceridad y la inocencia rezumaban en sus actuaciones, el traje, la corbata, y el encuadre de un Camus por encargo, podían hacer el resto.

Como están los videos con las actuaciones en TVE y las películas, yo prefiero ese Raphael al actual, si no hubiera este material (de coleccionista muchas veces) ya veríamos si me gustaba igual el de ahora. Esto me pasa a mi por el desenclave tan gordo que tengo y que a fin de cuentas es tan propio de mi época.

Él es un genio, a pesar de estos malditos revivals, y del bloqueo que le entra cuando está solo.
A pesar de su amaneramiento y de su aura merengada. ¡Y sobre todo por eso!

Ya lo avisé, yo le adoro:
http://www.youtube.com/watch?v=VoHTG5-dxKE